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Las familias campesinas del Alto Paraná en Paraguay tratan de recuperar sus tierras y acabar con el monocultivo de soja, que promovió el Banco Mundial y les ha sumido en la pobreza. Intermón Oxfam está en la zona apoyando a los campesinos de la Asociación de Agricultores del Alto Paraná (Asagrapa).
En la década de los 60, los 8 millones de hectáreas de suelo público que el Gobierno paraguayo destinó a los agricultores sin tierra fueron a parar a manos de militares y políticos. Ahora los campesinos reclaman estas parcelas. Conseguir que se haga justicia es un proceso largo y complejo. Albino Ramírez y Delio J. Jiménez son los primeros hijos de los campesinos que están a punto de acabar la Universidad y han estudiado derecho. Ahora trabajan en la organización local de Asagrapa defendiendo a los campesinos cuando los terratenientes les acusan de ocupar sus tierras.
Hasta hace poco, los campesinos trataban de sobrevivir cultivando soja, una exportación muy rentable para las grandes compañías pero muy perjudicial para los pequeños agricultores: "Es la política del Banco Mundial y del Mercosur. El Estado obtiene grandes ingresos con estas exportaciones. Pero para conseguirlo, potencia el latifundio y, cada vez más los pequeños propietarios se ven sin tierras", explica Tomás Zaya, de la asociación Asagrapa. Además, la agricultura de exportación utiliza unas prácticas agrícolas "genocidas que han causado problemas de salud e incluso muertes, porque utilizan agrotóxicos (pesticidas y abonos que contaminan la tierra y las personas)", concluye Zaya.
Con el apoyo de Intermón Oxfam, ahora los campesinos cultivan porotos (alubias), arroz, maíz y todo tipo de verduras y hortalizas en lugar de soja. Además, han abandonado el uso de productos químicos agresivos y aprenden técnicas de cultivo sostenible para mejorar los suelos y obtener productos ecológicos. Incluso pueden vender parte de la cosecha en el mercado y, con los ingresos, adquirir lo que no producen sus campos (aceite, sal, herramientas, medicamentos, etc.). De esta manera, 951 familias guaraníes emprenden una nueva vida para garantizar su futuro y el de sus hijos.
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