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"Saber qué hay detrás de cada prenda"

Imagen: Primer plano de Miriam Valle. Autor: Intermón Oxfam
Miriam Valle
es una nicaragüense de 26 años que ha trabajado desde los 18 en maquilas. Cerca de 50.000 mujeres están empleadas en Nicaragua en estas empresas, instaladas en zonas francas, que fabrican mayoritariamente ropa y calzado para multinacionales asiáticas y norteamericanas. Las condiciones laborales son infrahumanas pero cobran más que cualquier funcionario y es su única salida para sobrevivir.

¿Cómo es un día corriente de tu vida?
Me levanto a las 5 de la mañana. Arreglo la casa y preparo a mis tres hijas para ir al colegio. Entro a las 6 hasta las 12 horas, cuando hacemos una pausa para almorzar de 45 minutos. Luego volvemos a nuestros puestos hasta que se termine el trabajo, que puede ser a las doce de la noche. Hemos luchado mucho para que nos dieran media hora de descanso para cenar. Cuando hay mucha urgencia para entregar un pedido nos quedamos toda la noche cosiendo y seguimos a la mañana siguiente.

Con este ritmo, supongo que es fácil caer enferma...
Es agotador. En las maquilas hay muy pocas mujeres de 30 años porque no logran aguantar el ritmo.

Para que nos hagamos una idea, ¿puedes darnos pinceladas de cómo es el trabajo en una maquila?
Aparte de las 48 horas semanales, trabajaba 40 horas extra, de las cuales sólo me pagaban la mitad. Cobraba 48 dólares al mes. No tenía derecho a hacer pausas ni para ir al baño. Los encargados te gritaban e insultaban bajo cualquier pretexto. Lo más castigado es tener una conducta "rebelde", lo que significa exigir el respeto de tus derechos.

¿Algún ejemplo de "rebeldía"?
Me puse enferma y durante una semana no pude ir a la fábrica. Al volver, mi jefe quería que recuperara el tiempo perdido sin cobrar. Me negué. Quiso despedirme alegando indisciplina laboral. No lo acepté. Luego lo intentó por una falta injustificada pero volví a rechazarlo. Al final me despidió sin más y gracias a eso tuve derecho a mi indemnización.

Hay trabajadoras que desconocen sus derechos...
Es cierto. Muchas vienen del campo y son analfabetas. Obedecen en todo. El resto intentamos ayudarlas dándoles consejos. De todas formas, también hay trabajadoras bien informadas que no reclaman porque necesitan el empleo. En Nicaragua, trabajar en una maquila es un privilegio. Un médico, un maestro o un policía cobra la mitad.

El 80% de los trabajadores de las maquilas son mujeres. ¿Por qué crees que es así?
Se aprovechan de que aguantamos más los gritos y somos más responsables. No nos arriesgamos a perder el empleo si tenemos una familia que depende de nosotras. Yo trabajo para complementar el salario de mi marido y poder mantener a nuestras hijas. De todas formas, tengo compañeras que están solas para sacar adelante a sus niños.

A parte de presionar a las empresas, ¿qué podemos hacer los consumidores?
A la gente sólo le importa el precio y la calidad pero debería saber que detrás de cada prenda hay una persona que puede estar trabajando en condiciones de explotación.

Has venido a España para difundir un documental en el que tú apareces denunciando la situación en las maquilas. ¿La sensibilización puede tener resultados positivos?
He dejado mi trabajo para venir a ofrecer mi testimonio porque creo que es muy bueno que se conozca nuestra experiencia. Mi aportación es un grano de arena y los cambios son lentos pero alguien tiene que hacerlos.


 Actúa para que el FMI acabe con las restricciones que afectan a Nicaragua.

Intermón Oxfam es miembro de la confederación internacional Oxfam | info@IntermonOxfam.org