Recibir más información
La lufa es una especie de calabacín enorme, de la familia de las curcubitacea. Es un fruto que se encuentra de forma silvestre en la selva amazónica, una especie de planta enredadera de hojas anchas. El ciclo desde la siembra hasta el final de la cosecha dura aproximadamente 12 meses y se le atribuyen propiedades medicinales: mantener la piel sana y activar el riego sanguíneo.
La planta requiere de mucho sol, agua suficiente y un cuidado constante, desde la poda hasta la cosecha. Un agricultor puede cosechar unos 8.000 frutos de lufa en una hectárea.
El agricultor pone la Lufa cosechada en remojo para sacar con más facilidad la piel gruesa. Después la lava también para sacar el gel y las numerosas semillas de color negro que poblan la lufa por dentro. Una vez bien lavada se coloca al sol para secar. Luego se almacena y se lleva a lomo de mula al Taller de Lufa. Allí se cuenta y se selecciona según su calidad.
El objetivo de esta organización local es encontrar ideas que permitan dar un uso a todas las calidades y tamaños, no existe lufa mala. De esta manera se garantiza al agricultor que le vamos a recibir toda la producción: frutos grandes (más de 40 cm), frutos estándar (de 30 a 40 cm) y pequeños ( menos de 30 cm), fibra gruesa, delgada, marchita o manchada.
Los beneficios de sus actividades productivas se destinan al crecimiento de microempresas y los excedentes al aumento del fondo solidario al que pueden acogerse las comunidades del valle. En la gestión de este fondo solidario están representadas todas las comunidades del valle y se utiliza para apoyar cualquier acto de solidaridad entre pueblos o cualquier obra de interés general (como la reparación de un puente colgante caido sobre el río Guayilahamba en la comunidad de El
Montal).
El beneficio que aporta el Taller no esta centrado sólo en los productores, sino también en los artesanos que subcontratan para la fabricación de capas y palos de madera (balsa) que servirán para la confección de divertidas flores.