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Dub Doyo (57 años) es un nómada que ahora vive en el pueblo Dhungoo, a 650 km de la capital de Etiopía, Adís Abeba. Dub, su mujer y sus 17 hijos, miembros todos de la comunidad nómada Boran, solían desplazarse de un sitio a otro en busca de buenos pastos y de suficiente agua para su ganado. Desde finales de la década de 1980, la lluvia ha ido disminuyendo, lo que ha provocado sequías y escasez de agua. Los animales se están muriendo. Hace catorce años Dub era un hombre rico con más de 600 cabezas de ganado. Ahora sólo le quedan 23.
Dub nunca pensó que un día cultivaría la tierra, pero después de años de lucha, no tiene otra opción. En una buena temporada de pastoreo solía ganar unos 120 dólares, ahora sólo consigue entre 30 y 40: “Estos problemas nos obligaron a trabajar en el campo. Antes no sabíamos cultivar” Dub tiene la esperanza de expandir su terreno de cultivo pero los patrones de clima impredecibles por culpa del cambio climático oscurecen sus esperanzas. “El cultivo de la tierra no sirve de nada si no hay suficiente lluvia”.
Dub recuerda cuando no tenía que enfrentarse a estos problemas, “En esos días felices, comíamos carne y bebíamos leche de vaca sólo, y no nos preocupábamos por el agua. Sólo la utilizábamos para lavar”, afirma mientras se esfuerza por no reír.
La leche que la comunidad extrae de su rebaño es también una manera de alimentar a sus extensas familias, y ahora que ha disminuido la cantidad de leche, muchos pasan hambre. La malnutrición es el resultado de la escasez de leche y de carne animal, y cosechas insuficientes hacen que Dub y su familia sean más vulnerables a las enfermedades. La mujer de Dub, Bora, explica: “Básicamente alimento a mis pequeños con té azucarado. No son suficientemente fuertes. Están débiles y son vulnerables a la enfermedad. Incluso para mí es difícil alimentar con mi leche a mi bebé si no puedo comer lo suficiente” añade. La gripe, la diarrea y la malaria se han convertido en enfermedades comunes en la zona.
En el pasado había mucha agua subterránea cerca de la superficie. La gente contaba con ella durante la temporada de sequía, cuando las corrientes del bosque se secaban. Ahora, dicen ellos, algunas de las fuentes de agua también se han secado y los “lechos de agua” parecen haber disminuido de manera significativa. La escasez de agua tiene un gran impacto también en la vida de Bora. Pasa siete horas al día para ir a buscar agua y tiene que cargar sobre sus espaldas bidones de 25 litros, además de su bebé de 27 meses.
La disminución progresiva del acceso al agua y de las zonas de pasto están provocando conflictos entre clanes vecinos puesto que compiten por los recursos naturales. Dub afirma que ya no pueden viajar de las tierras bajas al “área fría” – la tierra alta- durante la época de sequía: “El camino que cogemos para ir de un lugar al otro ha sido entregado a los somalíes”, explica. “Durante la última y peor sequía, en el 2005, más de 300 personas fueron asesinadas por conflictos sobre el agua y la tierra, y miles de nuestras cabezas de ganado fueron robadas”.
Aunque miles de familias nómadas en el área están ahora preocupadas por las consecuencias nefastas del cambio climático global, les falta el conocimiento científico al respecto y creen que “es un castigo de Dios por sus pecados”.
Intermón Oxfam hacemos un llamamiento a los gobiernos de los países ricos para que destinen dinero a un fondo de adaptación para países en vías de desarrollo como Etiopía, de manera que puedan hacer frente al impacto del cambio climático. Con recursos naturales en disminución como el agua y la tierra cultivable, los conflictos en las comunidades sólo pueden ir en aumento in algunas de las regiones más pobres del mundo
Argaw Ashine / Oxfam Internacional