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Nunca más: acabemos con el hambre extrema

La situación de hambre extrema del Cuerno de África, que afecta a 13 millones de personas, se podía haber evitado. Ahora, han saltado las alarmas en África del Oeste, en la zona conocida como el Sahel,en donde conviven algunos de los países más pobres del mundo. Esta crisis podría ser una oportunidad para que el Gobierno español aborde, junto a la comunidad internacional, las causas de fondo que hacen a millones de personas vulnerables al hambre. Es hora de llamar su atención: ayúdanos a despertar a Rajoy.

La crisis del Cuerno de África se podía haber evitado. Los sistemas de alerta avisaron de la gravedad de la situación meses antes. Se estima que entre 50.000 y 100.000 personas, la mitad de ellas niños menores de 5 años, murieron entre abril y agosto de 2011 por responder de manera tardía. La situación se ha deteriorado además porque el precio de los alimentos básicos ha subido y el poder adquisitivo de la población ha disminuido al morir o enfermar su ganado por la sequía. Un desastre para la población más vulnerable.

La región contaba con sistemas de alerta que avisaron de la gravedad de la situación desde principios de año. Pero ni los gobiernos de la región ni la comunidad internacional actuaron ante las primeras señales de alarma. A esta difícil situación se une, además, no estar abordando los problemas de fondo: pobreza, falta de inversión y conflictos.

FIRMA para que el Gobierno español se comprometa para que la situación de hambre extrema en África occidental no se vuelva a repetir

Ahora, también en la región del Sahel , donde conviven algunos de los países más pobres del mundo, como  Mauritania, Níger, Burkina Faso, Mali o Chad, han saltado las alarmas. Se han identificado una serie de factores que están contribuyendo a la crisis que se avecina. La escasez de precipitaciones y de los niveles de agua, las malas cosechas y la falta de pastos, los precios de los alimentos y la disminución de las remesas de los emigrantes están causando serios problemas en la región. En 2010, esta zona ya sufrió una grave crisis alimentaria, que afectó a más de 10 millones de personas, de la que todavía se está recuperando.

La crisis del Cuerno de África y la alarma en el Sahel debe ser una llamada de atención para que los gobiernos de la región y la comunidad internacional aborden, como primera medida, los problemas que hacen que las personas sean vulnerables al hambre. La falta de alimentos se puede evitar. Esta crisis debe suponer una apuesta del Gobierno y Parlamento Español, junto a la comunidad internacional, para solucionar los problemas que hacen a millones de personas vulnerables al hambre.

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Todavía hay más de 13 millones de personas afectadas por la crisis en el Cuerno de África. A pesar de que existían claras señales de alerta temprana desde varios meses antes, la respuesta fue insuficiente, hasta que ya fue demasiado tarde. Los gobiernos, donantes, la ONU y las ONGs tienen que cambiar su manera de abordar las situaciones de sequía crónica  gestionando los riesgos, no las crisis. Esto implicaría actuar según la información proporcionada por los sistemas de alerta temprana y responder sin esperar a tener la certeza de que se vaya a producir una crisis, así como abordar las causas profundas de la vulnerabilidad y reducir los riesgos en todas las actividades de forma activa. Para lograrlo, debemos  superar la división entre acción humanitaria y desarrollo.

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