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07/02/2012

El sistema humanitario tendrá que actuar más localmente para poder responder al creciente número de crisis

•    Es necesario destinar más fondos a los países vulnerables y más inversión en prevención y reducción de riesgos ante posible desastres, según el nuevo informe de Oxfam  “Crisis en un nuevo orden mundial”

•    Salvar la vida de un niño desnutrido en Níger en 2005 costaba un dólar, pero una vez que la crisis alimentaria alcanzó su punto álgido la cifra se elevó a 80 dólares.

•    Uno de los mayores retos será aplicar los principios de imparcialidad –ayuda basada en las necesidades- e independencia -no ligada a los intereses políticos-

(C) Pablo Tosco/IO

Personal de Oxfam construye letrinas y duchas en el campo de desplazados de Gressier, en Haití, tras el terremoto de 2010, que constó la vida a más de 220.000 personas y dejo sin hogar a cerca de 1.500.000.

(C) Pablo Tosco/IO
“Somos testigos de cómo el núcleo de la acción humanitaria se está desplazando del mundo occidental hacia niveles más locales y nacionales. Es necesario acelerar este proceso. Deben asegurarse de que las personas y los países estén mejor preparados para resistir futuras crisis. Contar con organizaciones locales sobre el terreno, capacitadas para actuar, incrementará tanto la velocidad como la eficacia de la respuesta y podrá salvar un mayor número de vidas”, ha afirmado Elena Sgorbati, responsable de Acción Humanitaria de Intermón Oxfam.

En un mundo donde cada vez más población está expuesta a futuras crisis, el sistema humanitario deberá centrar más sus esfuerzos en la esfera de lo local si quiere dar respuesta a las crecientes necesidades en este campo. Asimismo, deberá destinar una mayor cantidad de fondos a los países más vulnerables y aumentar la inversión en prevención y reducción de riesgos, según se desprende del nuevo informe “Crisis en un nuevo orden mundial” presentado hoy por Oxfam –Intermón Oxfam en España-.

“Somos testigos  de cómo el núcleo de la acción humanitaria se está desplazando del mundo occidental hacia niveles más locales y nacionales. Es necesario acelerar este proceso. Las agencias de ayuda internacionales no pueden simplemente llegar, realizar el trabajo y marcharse. Deben asegurarse de que las personas y los países estén mejor preparados para resistir futuras crisis. Contar con organizaciones locales sobre el terreno, capacitadas para actuar, incrementará tanto la velocidad como la eficacia de la respuesta y podrá salvar un mayor número de vidas”, ha afirmado  Elena Sgorbati, responsable de Acción Humanitaria de Intermón Oxfam.

Este enfoque será vital para hacer frente a un incremento significativo de situaciones de emergencia  provocadas principalmente por el aumento de los desastres ligados al clima y el fracaso a la hora de resolver conflictos y de apoyar a los países más vulnerables. 

En este sentido, el informe califica la respuesta de gobiernos y agencias hasta ahora de “insuficiente y tardía”, aunque reconoce una notable mejora en los últimos tiempos, y la sitúa más cerca de intereses políticos y mediáticos que de las necesidades humanitarias.

Precisamente uno de los mayores retos será respetar los principios de imparcialidad –ayuda basada en las necesidades- e independencia -no ligada a los intereses políticos-. Muchos donantes occidentales tienden a centrarse en sus esferas de influencia e interés y los nuevos donantes “no occidentales”  tienden a actuar de la misma manera. Así en 2011 los países árabes y musulmanes destinaron fondos de forma generosa a Somalia, Libia y Yemen.

Igualmente, según el documento, la cada vez mayor participación del sector privado es bienvenida y puede aportar ayuda, pero el hecho de que empresas apoyen este tipo de programas  puede poner en entredicho los principios humanitarios establecidos, ya que pueden hacer primar más los intereses comerciales a las necesidades en esta materia.

Esencial prevenir y reducir riesgos
El informe apunta a que la labor humanitaria resulta eficaz en una situación de emergencia, pero es necesario ir más allá,  poner un mayor énfasis en evitar que las crisis se agraven. Con ello, no sólo se salvarían más vidas sino que también se ahorrarían fondos. De acuerdo con Naciones Unidas, se estima que salvar la vida de un niño desnutrido en Níger en 2005 costaba un dólar. Una vez que la crisis alimentaria alcanzó su punto álgido la cifra se elevó a 80 dólares.

Si se hace balance en esta materia, el trabajo en prevenir y reducir el riesgo de desastres no ha sido destacable. En 2009, este tipo de programas tan sólo constituían un 0,5% del total de la ayuda. Los gobiernos nacionales se han comprometido a incrementar sus esfuerzos en este ámbito, suscribiendo distintos acuerdos internacionales para la reducción de riesgos ante posibles desastres. Aunque muchos han desarrollado diversas leyes y políticas, pocos han emprendido acciones efectivas.

Bangladesh es un buen ejemplo de la importancia de esta labor. En 1991 un ciclón golpeó al país causando la muerte a 140.000 personas. En 2007, la Naturaleza volvió a azotar con la misma intensidad a esta nación. El balance ascendió a 3.406 fallecidos. A pesar del elevado número de víctimas mortales, este fue significativamente inferior al de 1991 gracias, en parte, a los esfuerzos del gobierno por implementar sistemas de alerta temprana y evacuación.

“Destinar más fondos a la prevención y reducción de riesgos ante posibles desastres es claramente necesario, pero esto no debe significar disminuir la ayuda para respuestas de emergencia. No se trata de elegir entre una labor u otra. Aún serán necesarios más fondos para responder de forma inmediata a graves crisis humanitarias” ha añadido Sgorbarti

Durante las últimas dos décadas se han realizado grandes esfuerzos por establecer unos estándares mínimos y garantizar la calidad de la ayuda humanitaria. Será necesario apoyar, y en algunos casos, animar  a los gobiernos nacionales y las organizaciones locales a que se adhieran a dichos estándares. El futuro del sistema de ayuda humanitaria está lleno de desafíos. No será fácil garantizar la calidad de la ayuda y los principios que guían la acción humanitaria, concluye el informe.

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